En la última edición del Congreso Nacional de Innovación y Servicios Públicos (CNIS) hubo una interesante mesa redonda acerca de la aplicación práctica de las actuales leyes de transparencia en los diferentes niveles de la administración pública: local, autonómica y nacional.

Marc Garriga fue el último en participar en dicha mesa, intentó dar una visión externa (el resto de miembros de la mesa eran de administraciones públicas) como experto que asesora a las administraciones públicas (de cualquier tamaña y nivel) a ser transparentes. Y remarcó lo de SER transparentes, o sea, que la Administración no se centre sólo en cumplir la ley (sea nacional o autonómica) sino que tiene que ir mucho más allá y conseguir que nuestra Administración sea transparente (interna y externamente).

Dicho de otra forma, no se trata de llevar este reto a sólo el ámbito jurídico o incluso llevarlo sólo a un mero listado de ítems y ver qué cumplimos y qué no. Se trata de transformar nuestro sector público en un sector transparente, se trata de SER transparentes. Si lo somos, entonces cumpliremos – con creces – todas las leyes de transparencia.

Transparency

Fruto de este trabajo de asesoría para varias administraciones, Marc Garriga expuso las principales conclusiones a las que ha llegado:

· La primera conclusión es la que ya hemos comentado: Cumplir la ley de transparencia no garantiza ser una Administración transparente. En cambio lo contrario sí, si conseguimos una Administración que sea realmente transparente entonces seguro que cumplimos la ley y mucho más.

· La segunda conclusión es que nuestras administraciones públicas, en general, carecen de una buena gestión de la información. Ello provoca que intentar abrir la institución para que sea más transparente es costoso e incluso insostenible en algunos casos (tercera conclusión). Por ello es mucho mejor primero instaurar una política interna de gestión de la información y después abrir ésta.

· Es una constatación, nuestros profesionales gestores de la información no han conseguido – por los motivos que sean – que impregne en nuestros dirigentes que la gestión de la información es básica para tener administraciones eficientes (además de transparentes).

· La cuarta conclusión es la necesidad de implicar a los trabajadores públicos (a todos) si queremos que nuestra Administración sea transparente. Este proceso es un cambio de paradigma, un cambio de la forma de ser y de actuar, no se concibe un cambio de tan calado sin involucrar – desde el inicio – a los trabajadores públicos.

· La quinta conclusión es dejar claro que los procesos de transparencia son, ante todo, procesos organizativos. Es importante seleccionar una buena herramienta tecnológica, pero es mucho más necesario saber organizarse internamente y entre administraciones para que la transparencia sea factible.

· La sexta conclusión es la criticidad del lenguaje utilizado. Si queremos que nuestra Administración sea transparente “de verdad” entonces no podemos utilizar el lenguaje administrativo, debemos utilizar un lenguaje comprensible para la ciudadanía. Aquí es donde hay que tener en cuenta iniciativas pedagógicas para explicar qué es y cómo funciona internamente la Administración. Durante muchos años la ciudadanía ha percibido a la Administración como una “caja negra”, es el momento de abrir dicha caja y explicar qué contiene y cómo se rige.

· La séptima conclusión es la obligación de proporcionar contexto a la información que abrimos al ciudadano. Sin contexto (evolutivo y/o entre otras AAPP) es imposible poder contrastar los datos y alcanzar una transparencia real. En el fondo parte del problema proviene de lo que comentábamos antes: la ciudadanía tiene un gran desconocimiento de la Administración, por ello no sólo hay que aplicar iniciativas pedagógicas sino también proporcionar contexto que ayude a entender la información que se transparenta.

· La octava y última conclusión es proporcionar no sólo la información a la ciudadanía sino también los datos en que se sustenta dicha información. Dicho de otra manera, no sólo proporcionar el pastel (información) sino también los ingredientes (datos) para que la ciudadanía pueda llegar a sus propias conclusiones, llegar a hacer sus propios pasteles.

Conviene abordar estos ocho retos si queremos una transparencia real en nuestra Administración dado que, como dice José Molina (presidente del Consejo de Transparencia de la Región de Murcia), “Sin transparencia no hay democracia“.