En un mundo cada vez más digitalizado y con el auge de la inteligencia artificial, las carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) están ganando protagonismo y representan una gran oportunidad para acceder a empleos de calidad.
A pesar del crecimiento en la oferta de estudios STEM y el aumento de matriculaciones, la participación femenina sigue siendo significativamente menor y no crece al mismo ritmo que la masculina.
Según la UNESCO, solo el 35% de los estudiantes de STEM en Europa son mujeres, siendo en España la cifra menor que la media. En el caso específico de los estudios relacionados con el análisis y la ciencia de datos en Cataluña, según datos del Departament d’Educació, existe un aumento significativo en el número de titulados, pero la diferencia entre hombres y mujeres sigue siendo evidente. Como se observa en el gráfico, en el curso 2022/2023 las mujeres tituladas son solamente un 31,1%.

Esta brecha de género no solo se manifiesta en la formación, sino que también se traslada el ámbito laboral. En un sector fuertemente masculinizado, las mujeres enfrentan múltiples desafíos que dificultan su desarrollo profesional, desde sesgos de género en el entorno de trabajo hasta un menor acceso a oportunidades de crecimiento.
Desde el gobierno del dato siempre insistimos en la importancia de la cultura del dato para lograr una transformación organizativa. Del mismo modo que cambiar la forma en que una organización gestiona y valora los datos requiere un cambio cultural profundo, reducir la brecha de género en el ámbito tecnológico implica un proceso de transformación que requiere hacer cambios en las primeras etapas educativas, que influyen en los intereses y futuras elecciones académicas.
Son muchas las Administraciones que ya impulsan programas educativos e iniciativas que fomentan la curiosidad de las niñas por la tecnología y que trabajan en visibilizar referentes femeninos. Si queremos construir un sector tecnológico más diverso e inclusivo, es fundamental seguir avanzando en estas iniciativas.
Promover una mayor participación femenina en STEM no solo es una cuestión de equidad, sino también de aprovechar el talento y la diversidad de perspectivas que fortalecen la innovación y el desarrollo en un mundo cada vez más impulsado por los datos y la inteligencia artificial.
Es necesario no olvidar que, en el siglo XIX, en una época en la que era poco común que las mujeres se dedicaran a la ciencia o la tecnología, Ada Lovelace desarrolló el primer algoritmo destinado a ser procesado por una máquina. Su visión pionera sentó las bases de la programación moderna y nos recuerda la importancia de seguir derribando barreras para que el talento y las oportunidades no tengan género.