Pamplona, el refectorio de la catedral. Difícil imaginar mejor escenario para un encuentro que ya va por su quinta edición y que cada año nos confirma que los datos abiertos son mucho más que una obligación técnica o legal.
El V ENDA reunió de nuevo a una comunidad que crece y que comparte convicción. A lo largo del día, hablamos de inteligencia artificial, educación, empleo y políticas públicas. Pero la conversación siempre acababa en lo mismo: en las personas.
Abrió la jornada Mikel Galar, catedrático de la Universidad Pública de Navarra, con la idea de que la IA y los datos abiertos se benefician mutuamente. La IA aprende de datos, y las series históricas bien contextualizadas son una base genial para ese aprendizaje. Pero la relación funciona también al revés, la IA generativa está derribando la barrera técnica que durante años ha alejado a tanta gente del mundo del dato. Hoy, alguien sin conocimientos de programación puede explorar conjuntos de datos que antes requerían un perfil especializado. Eso es democratización real.
Como bien dijo Mikel en su cierre, si antes había dos grandes barreras, la IA está derribando la segunda. Ahora toca seguir empujando la primera.
La primera mesa nos trajo algo muy interesante, y es que, hoy en día, la economía del dato avanza más rápido que los sistemas educativos. Adaptar la formación a las nuevas demandas profesionales es urgente, pero no es solo una cuestión de actualizar contenidos técnicos.
Si algo quedó grabado a fuego en la sala, es que ninguna herramienta sustituye lo que más falta hace: pensamiento crítico, capacidad de análisis, ética y, claro, saber comunicarlo. Porque el cambio que viene, y que en parte ya está aquí, no es tecnológico, sino cultural. Y esto lo cambia todo.
En este escenario, los datos abiertos no son un detalle menor. Son una oportunidad concreta para crear nuevos servicios y modelos de negocio que hoy todavía no imaginamos. El problema es que muchas empresas siguen sin entender que los datos de calidad no son un coste, sino un activo. Y compartirlos, lejos de ser una amenaza, puede ser exactamente lo que las diferencie.
El foco de la segunda mesa estaba sobre las Administraciones Públicas y su papel en el ecosistema de datos abiertos. Los datos abiertos refuerzan la transparencia y ayudan a la ciudadanía a entender mejor por qué se toman las decisiones que le afectan.
Uno de los principales retos identificados fue la dispersión de los datos y la necesidad de ofrecer información más ordenada y fiable. También se abrió un debate relevante: muchos datos de interés público están hoy en manos de grandes empresas privadas.
Se insistió en que el papel de las administraciones no debe limitarse a publicar datos. El valor está en ofrecer servicios basados en datos, generar confianza y fomentar la compartición. En un contexto marcado por la IA, las personas buscan conocimiento, no ficheros.
Aquí hablaron organizaciones que reutilizan datos a diario, que saben lo que cuesta encontrarlos, limpiarlos y convertirlos en algo útil. Y desde esa experiencia, con respeto y franqueza, pero sin filtros, se señaló que siguen existiendo reticencias a la hora de abrir ciertos datos.
Se compartieron casos de uso con impacto social real que demuestran lo que es posible cuando los datos están disponibles.
Una de las ideas más claras de la mesa: los datos tienen más valor cuando están desagregados, son conectables entre sí y cuentan con identificadores únicos y homogéneos. La gobernanza del dato, además, no puede ser improvisada. Necesita ser estratégica y sostenida en el tiempo.
Este año el reto del ENDA tuvo un enfoque educativo y divulgativo: acercar los datos abiertos al aula. Se presentó educa-data, un recurso pensado para que docentes puedan trabajar el concepto de dato abierto con sus estudiantes de forma progresiva y multidisciplinar.
El material se compone de tres elementos: una presentación lista para usar en clase, un documento teórico de referencia y una guía del profesorado. El aprendizaje está diseñado para avanzar por etapas, desde qué son los datos abiertos hasta el impacto social que pueden tener. Una iniciativa que da un paso más allá de los congresos especializados y lleva la conversación a donde más importa: las aulas.
La cuarta mesa conectó de forma natural con el reto presentado. Le dimos un par de vueltas a sobre cómo los datos abiertos pueden contribuir a formar ciudadanos más críticos y a mejorar la toma de decisiones dentro del propio sistema educativo.
Se planteó una distinción importante: no es lo mismo información que conocimiento. Los datos necesitan un significado, un contexto y un propósito. Y ese propósito debe estar acompañado de un marco ético que proteja el aprendizaje, garantice los derechos y evite la discriminación.
La última mesa cerró con altura. Los datos abiertos son ya política pública transversal, con impacto directo en la innovación y en cómo se transforma la administración por dentro.
La Directiva de Datos de Alto Valor marca un camino claro y exige calidad. El principio de abierto por defecto es un buen horizonte, pero con recursos limitados hay que ser estratégicos y priorizar lo que más impacto puede generar. Se habló de auditar las políticas existentes, de cultivar una cultura del dato que llegue también a los niveles directivos, y de gobernar los datos con criterio antes de que la IA nos encuentre sin estructura.
El cierre llegó, como siempre, con Marc Garriga de relator, el Jordi Hurtado del ENDA, como bromeó Leire. Y para rematar, ella y Chori montaron un improvisado «VAR» que repasó el día con humor y cariño. Justo lo que todos necesitábamos.
Porque si algo quedó claro es que los datos abiertos ya no son un fin en sí mismos, sino un medio para aprender, para emprender y para tomar mejores decisiones. Y un espacio donde personas muy distintas se encuentran con una inquietud común como es el generar impacto real.
Gracias al Gobierno de Navarra, al equipo organizador y especialmente a Juan Carlos, por el cuidado con el que condujo toda la jornada.
Nos vemos en el sexto ENDA, en Madrid. DesideDatum estará ahí.
