Veintisiete es un número redondo, nada menos que tres elevado a la tres, una cifra lo bastante significativa para justificar una retrospectiva de las políticas y prácticas de apertura de los datos públicos a partir de su documento fundacional: el Libro Verde de la Información del Sector Público1.
En 1991 Internet se abre al público general, tras varios años de uso académico y militar. Tan solo ocho años después, en 1999, la Comisión Europea lanza un green paper para impulsar la apertura de la información del sector público. El Green Paper on Public Sector Information in the Information Society proponía abrir, armonizar y aprovechar la información del sector público en Europa para mejorar la transparencia democrática, la movilidad ciudadana, la competitividad empresarial y el desarrollo de la industria europea de contenidos digitales.
Europa madrugó para atrapar una gran oportunidad. ¿Qué hemos hecho con esa oportunidad? ¿Ha madurado el libro verde?
LO REGULATORIO
El primer frente ha sido el regulatorio. La Comisión Europea abrió el baile con energía y consiguió pronto aunar visiones y aprobar la Directiva de reutilización de la información del sector público2, que establece “la creación de un mercado interior y de un sistema que impida el falseamiento de la competencia en dicho mercado interior”, al tiempo que reconoce la pertinencia de ofrecer a los ciudadanos de la UE medios para acceder al conocimiento. La fecha de publicación de la Directiva es el 17 de noviembre de 2023. El Reino de España consigue trasponerla con la Ley 37/2007, de 16 de noviembre3, justo el último día antes de merecer una sanción.
Esta primera andanada –o “adanada”, por su carácter seminal– legislativa se ha actualizado en 2019 con una nueva directiva europea4 que España ha traspuesto5 en 2021. Este nuevo instrumento jurídico mejora mucho la regulación anterior e introduce el concepto de conjuntos de datos de alto valor, cuya reutilización debe ser gratuita, en formatos legibles por máquina y a través de API.
LO CONCEPTUAL
El segundo frente ha sido el conceptual. Los primeros textos no hablaban de datos, sino de información y documentos, con un aroma a pilas de CDs y monitores de rayos catódicos. Incluso la Ley 37/2007, en su redacción original, evita hablar de datos excepto para mencionar los datos personales. La materia regulada es “la reutilización de los documentos elaborados o custodiados por las Administraciones”.
En la actualidad, indiscutiblemente el constructo clave es el dato, que ha emergido de las profundidades de los sistemas de información para ocupar su papel central como materia prima del conocimiento.
Por otra parte, en el libro verde se daba la distinción entre “información administrativa” y “no administrativa”. Hoy esto ya no parece tan importante; la clave está en si los datos son abiertos o personales, sensibles o no.
LOS ESTÁNDARES
El Libro Verde establece las bases conceptuales de lo que serán las políticas europeas de estandarización de datos y metadatos. Subraya la necesidad de estándares comunes para conocer qué información existe y para acceder a ella. En sus palabras, “para ayudar a los clientes de la información a orientarse en esta masa de datos, puede ser necesario establecer metadatos y directorios”.
Europa ha pasado de no tener estándares comunes a construir un sistema completo: primero llegó INSPIRE (2007), que impuso normas técnicas y metadatos obligatorios para los datos geoespaciales y creó catálogos interoperables a escala europea. Después, el W3C publicó DCAT, y la Comisión Europea desarrolló DCATAP, un perfil común para describir conjuntos de datos públicos y facilitar la búsqueda cruzada entre países, que luego se expandió con extensiones sectoriales como GeoDCATAP, StatDCATAP o DCATAP HVD.
Hoy, prácticamente todos los Estados miembros usan DCATAP o sus variantes nacionales (como DCATAPES) para lograr interoperabilidad semántica y unificar catálogos en la Web.
LA APERTURA DE DATOS
La aprobación de la normativa no se tradujo de inmediato en una publicación sistemática de datos. Tras los pioneros catálogos de datos del entorno anglosajón –EE. UU., Reino Unido, Australia…– el primer portal de datos abiertos fue Open Data Euskadi, de abril de 2010. Durante los primeros años, la publicación de portales de datos avanzó más por impulso político que por convicción administrativa. Y el contenido de los portales no ofrecía, en muchos casos, ni cantidad, ni calidad.
En Europa, hoy vemos la botella medio llena, pero también medio vacía. Persisten cuatro problemas estructurales:
Hay que reconocer que España ha articulado a lo largo de los años un conjunto de programas públicos que han sostenido —a menudo de forma ejemplar— la política de apertura de datos. La Iniciativa Aporta ha sido el motor de la cultura del dato abierto en el país. Red.es juega un papel clave como brazo ejecutor tecnológico, y el portal datos.gob.es ha evolucionado hasta convertirse no solo en el catálogo nacional unificado, sino el espacio de referencia para el conocimiento en torno a los datos. La Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial (SEDIA) ha consolidado este impulso, alineándolo con los marcos europeos de datos y con estrategias como España Digital 2026.
LA REUTILIZACIÓN DE DATOS
El Libro Verde preveía la creación de un mercado europeo de datos para liberar el potencial económico e innovador del dato. Posteriormente, la influencia de la administración Obama trajo también relevancia al potencial democratizador de los datos, como parte sustancial del gobierno abierto para la transparencia, rendición de cuentas y la participación informada.
La reutilización es seguramente el eslabón más débil de la cadena de valor del dato abierto. Entre las causas, las fundamentales están en el lado de la oferta. Sigue siendo complicado montar un modelo de negocio a partir de datos públicos cuando esos datos no cubren todo el territorio, se actualizan de manera desigual o –esto es gravísimo– no se asegura la continuidad del servicio. Incluso hoy, algunos portales siguen sin ofrecer identificadores duraderos: cada actualización borra la huella anterior.
Con estos defectos en el lado de la oferta, se hace complicado fomentar la reutilización y hacer crecer la demanda. Aun así, el uso de los datos abiertos aumenta año tras año y está produciendo un retorno de valor nada despreciable.
LA ESPERANZA: LOS ESPACIOS DE DATOS
Tras veintisiete años de políticas públicas, estándares, leyes y portales, los datos abiertos ya no son el punto de llegada, sino el punto de partida. Y la esperanza para el inmediato futuro la encarnan los espacios de datos.
Los espacios de datos permiten algo que el Libro Verde solo podía intuir: pasar de la publicación aislada a la colaboración estructural; de conjuntos dispersos a ecosistemas sectoriales; de abrir datos para quien quiera usarlos a compartir datos que resuelvan problemas concretos en materia de energía, movilidad, salud, clima, industria…
En este nuevo contexto, los datos abiertos no desaparecen: se convierten en la capa universal de referencia, el suelo común sobre el que se construyen espacios de datos más ricos, seguros y colaborativos. Esa es la esperanza: que la apertura no se quede en gesto, sino que se transforme en infraestructura para un futuro compartido.
NUESTRO COMPROMISO
A lo largo de estos años, Desidedatum ha acompañado —y a veces adelantado— esta evolución europea del dato público. Nació cuando el mapa aún estaba por dibujar y ha trabajado allí donde realmente se juega el valor del dato: en la gobernanza, en la calidad, en los estándares, en la apertura y en la reutilización. Ha tejido puentes entre administraciones, ha impulsado metodologías que hoy consideramos evidentes y ha demostrado que la madurez digital no depende solo de la tecnología, sino de las personas que entienden el dato como un bien común.
Nuestro compromiso sigue intacto: trabajar para que el dato público sea un bien plenamente aprovechado. Creemos en una Administración que decide con evidencias, que comparte con responsabilidad y que construye valor social a partir del conocimiento. Creemos en una sociedad que pude contribuir a la prosperidad común a partir de la reutilización de los datos. Nuestro propósito sigue siendo acompañar a las organizaciones a convertir los datos en decisiones, en servicios y en oportunidades que mejoren la vida de las personas.